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ISMAEL FIDALGO. La aventura de un pintor expresionista

Desde:
20/06/2012
Hasta:
05/01/2013

Exposición temporal: "ISMAEL FIDALGO. La aventura de un pintor expresionista. Sopuerta 1928-Trapagaran 2010".

Ismael Fidalgo, natural de Sopuerta, fue el pintor expresionista de Las Encartaciones y uno de los artistas vascos más relevantes de la segunda mitad del siglo XX. El Museo de Las Encartaciones pretende homenajearle, dos años después de su muerte en Trapagaran, con una exposición retrospectiva que reúne más de 100 cuadros suyos y una treintena de obras en papel (dibujos, cartas decoradas, documentación…), además de dos documentales de producción propia que recorren la vida y obra de un artista muy unido a las Encartaciones, la Margen Izquierda y la Zona Minera.
Junto a este compendio de arte que repasa la vida y obra del pintor de Sopuerta, se exponen también tres bustos con su efigie y diversos retratos hechos por pintores relevantes como Ibarrola, Apezetxea, Etxarte, Marce Bañales o el conocido caricaturista Chumy Chúmez.

Sus inicios
Ismael Fidalgo fue un pintor perteneciente a la generación de artistas de la posguerra, compañero y amigo de pintores y escultores como Agustín Ibarrola, Norberto Ariño de Garay, Ricardo Toja o poetas como Blas de Otero. Aunque se considera que no tuvo maestros en el sentido estricto de la palabra, estuvo muy influenciado -como el resto de artistas de su generación- por Jorge Oteiza con quien mantuvo una estrecha relación.
Considerado uno de los artistas vascos más relevantes de mediados del siglo XX y muy valorado entre los críticos de arte, es, por el contrario, bastante desconocido para el gran público. Gracias a su estancia en el valle del Baztan, Fidalgo fue considerado en Navarra el gran revolucionario del arte y la pintura. Se le valora, entre otras muchas cosas, porque en una época tan dura y con tan poca información como la posguerra, introdujo aires nuevos y modernos en el panorama artístico del entorno.

El pintor expresionista de los mineros
En 1957 se asentó en Trapagaran, donde continuó su labor de pintar la industria y las minas, uniendo estos trabajos a los numerosos paisajes y personajes pintados en Baztan, Zamora, La Rioja o Madrid. En los años 70 conoció al pintor de Zierbena Marcelino Bañales, con quien trabajó durante muchos años y al que le unió una gran amistad. Fueron dos de los últimos artistas en pintar “al natural” y quienes crearon el Grupo de Pintores de “La Balco” (Babcock Wilcox), empresa en la que trabajaron los dos, y desde influenciaron a numerosos artistas.
Aunque en sus primeros años su pintura muestra un acercamiento al impresionismo, lo cierto es que rápidamente su obra se convirtió en un claro ejemplo de las tendencias expresionistas. Aunque ha sido denominado “pintor de las minas” o “pintor de las Encartaciones”, éstos son títulos que se quedan cortos para el valor de su obra, ya que transciende estos marcos geográficos.
Su valor, sobre todo, se refleja en su calidad como pintor, su uso de los colores, la paleta y su fuerte expresividad que le convierten en uno de los artistas vascos más relevantes del siglo XX dentro del expresionismo, que llegó a influenciar en un considerable número de artistas vascos.

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